D. Gray-man Revenge

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 Nevada en Rusia

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MensajeTema: Nevada en Rusia   Sáb Oct 25, 2008 12:09 am

Diez días de viaje en tren y algunos cortos a pie. Esta vez tocaba la segunda opción, en aquel momento sentía de verdad los beneficios del arca ahora temporalmente fuera de servicio. Realmente durante su viaje no le había importado realmente el renegar de los portales que te dejaban a un paso de tu destino, pero ahora… era otro cuento.

La nieve caía en aquella época del año, invierno. Blanco y puro invierno, paisajes forrados de blanco pulcro bellísimo, como salido de un cuento de hadas. Los pinos tenían el escarchado blanco entre sus ramas y hojas lo cual daba cierto aire navideño pese a que no era el tiempo. Al fondo se podían ver algunas montañas también con el mismo paisaje blanco teñido con un leve claroscuro. Abajo se refugiaba un humilde valle de casas pequeñas como de muñecas desde la lejanía, las luces encendidas brindaban cierto aire de calidez tan solo al imaginar la llegada. Solo al imaginarla…

La gélida brisa sacudió de nuevo sus ropajes oscuros y brindó un nuevo escalofrío a la bola blanca peluda que se refugiaba en el interior de su abrigo. Mientras andaba por el blanquecino pavimento las huellas de su andar quedaban registradas y propensas a borrarse como pasara el tiempo. Ya sentía las manos dormidas y las mejillas heladas por la temperatura. Las hebras de sus cabellos se sentían húmedas y tiesas por la nieve que arreciaba como la harina a un pastel. Si ahora empezaba a nevar, lo sintió cuando uno de los copos rozó su mejilla derecha mientras andaba sin detenerse.

Elevó el rostro hacía arriba como suelen hacerlo los niños en navidad, casi por inercia que curiosidad. Los retoños caían lisos del cielo como una bendición y la navidad se hubiese adelantado. Era hermoso y pese a las condiciones no se arrepentía de estar allí para presenciarlo. Sonrió para si misma y regresó a su andar, no debía abusar más del tiempo y ya Lau Jimin empezaba a protestar por el frío desde el interior de su abrigo.

- "Ya casi llegamos" – susurró para tranquilizar a su compañero, al hacerlo su aliento se materializó en frente de sí para luego desaparecer como una nube.

Poco después ya estaban en aquel poblado, las calles poseían el particular sonido de la gente transitando hacía diferentes lugares y las tiendas disponibles al público. Así como los puestos ambulantes y otras atracciones. Al llegar lo primero que había divisado era la propaganda puesta en un cartel sobre un circo público que planeaba instalarse en el pueblo. Los dibujos de payasos y animales de atracción le trajeron recuerdos bastante lejanos que no alcanzaba a materializar en su mente.

Siguió andando por las callejuelas, la gente si bien pese al clima hacían sus compras y deberes, los jóvenes niños correteaban emocionados con la nevada. Atraído por el murmullo, el primate asomó su hocico a la superficie divisando el nuevo lugar con curiosidad, ya en el poblado el frío no era tan intenso. Solo quedaría buscar un sitio donde quedarse por un breve tiempo.

Si bien, el ambiente de calidez en contraste con el clima era de su agrado. Le hacía añorar una ducha caliente así como una buena taza de chocolate y comida reciñen hecha y sin faltar por supuesto su merecida siesta. Ya eran varios días sin quedarse en un sitio por más de dos días y lo que restaba del día lo había invertido en la caminata a través del bosque nevado, sus blancas praderas y lagos congelados. Su único ojo visible se cruzó con la puerta de lo que parecía ser una humilde posada para viajeros, después de una vista magnifica lo justo era un merecido descanso.

Giró el pomo de la puerta y entró en el establecimiento. Lo encontró semi vacío, tal como lo deseaba. El pequeño y adorable simio de cachetes inflados salió completamente de su refugio para posarse en el hombro de su dueña cual fiel compañero, ya más seguro con la agradable temperatura del establecimiento. Al dirigirse al mostrador una mujer de avanzada edad se acercó a recibirle.

- Bienvenida señorita ¿puedo ofrecerle algo?

- "Una habitación por favor" – pidió amablemente. La posadera le orientó por las escaleras hasta el primer piso de la casa y le condujo hasta una habitación en medio del pasillo estrecho. Le hizo entrega de una llave plateada la cual correspondía a la puerta del cuarto.

- Si necesita algo no dude en avisar – agregó la anciana con voz amable, la rubia le correspondió con una levísima sonrisa, que al entrar en la recámara se sustituyó inmediatamente por un gesto de cansancio. Al fin tomaba un respiro.

No era muy grande pero tampoco muy pequeña, en teoría poseía lo justo. Una cama para una persona, mesita de noche con su lámpara correspondiente, un armario para la ropa, una puerta donde intuía quedaba el baño, el piso de madera pulida y un cuadro de pálidos colores que colgaba cerca del calentador donde el paisaje mostraba apenas las montañas que antes había admirado y las diminutas casas que antes le habían parecido de muñecas.

Muy bonito, si muy bonito.

Era una lastima que algo pasase durante su estadía allí. Pues al igual que en China los akuma seguían apareciendo en su viaje, no importaba donde fuera era como si no pudiese escapar de la arena de combate. Había tratado de seguir la ruta de aquellos monstruos por sus medios pero al parecer aun no encontraba nada que le diese una pista concreta.

Si todavía tenía que seguir lo más seguro era que el tiempo en aquel pueblo no sería del todo tranquilo.

Entonces, por unos momentos se entregaría al descanso, al vapor del agua devolviéndole el calor al cuerpo, a una comida caliente y a una merecida siesta sin sueños que le interrumpan. Su compañero podría hacer lo propio y echarse a dormir un rato en alguna de las almohadas, y de hecho al pensarlo el mismo mono lo hizo casi como si lo hubiese adivinado.

Y sin más Klaud daría una última mirada a la ventana por encima de la cortina, para luego entrar al cuarto de baño.

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MensajeTema: Re: Nevada en Rusia   Dom Nov 16, 2008 3:32 pm

El reloj de agujas que reposaba sobre la sencilla mesita de noche estaba por marcar las cuatro de la madrugada. El segundero emitía un pequeño ruidito mecánico apenas audible, pero con el silencio que reinaba en la habitación era bastante fácil seguirle el ritmo, pasivo y monótono. Por la ventana apenas entraba le escasa iluminación de afuera a través de las claras cortinas, donde las estrellas iban a dormir junto con la luna, cediendo la entrada al sol que aun no alcanzaba a asomarse del todo.

La aguja del minutero apuntó al doce finalizando su recorrido y señalando que oficialmente eran las cuatro. Eran los ojos del pequeño mico blanco los que brillaban embelezados por el ritmo que llevaba el reloj, como un péndulo hipnotizante que lo arrojaba a un abismo de sueños y alucinaciones mentales. Llevaba tiempo allí siguiendo el ritmo del reloj como un niño que espera el momento en el que culmine o empiece algo.

El sonido de unos pasos sobre la madera del suelo llamó la atención del pequeño primate, su compañera había terminado de colocarse el abrigo que correspondía a su uniforme y estaba preparada para partir. Lau Jimin trepó ágilmente al hombro diestro de su master para emprender la partida, había sido corto el tiempo de descanso a comparación del que llevaba sin parar desde que la cacería inició. Y todavía no daba por hecho el que su posición fuese el de la presa o el depredador.

Inmediatamente cerró la puerta tras si, dejando la habitación intacta tal cual como la había encontrado, ni un solo detalle fuera de lugar. Sus pasos procuraban ser silenciosos más no podía evitar que hiciesen eco en el pasillo. Todo estaba en silencio, apenas y el murmullo del viento entraba colado por alguna rendija pero nada demasiado notorio, incluso la temperatura de la misma estancia estaba más baja que antes. Era como si en la posada no hubiese nadie y todos hubiesen desaparecido, o nunca estuvieron allí. Bajó las escaleras con el mismo cuidado con el que daba sus pasos, mostrando tranquilidad ante la tensión que sentía emanar del silencio y el misterio que encerraba. Si se hubiese tratado de un ataque ya lo hubiese sabido, las señales de violencia no se harían esperar, y si se trataba de una trampa entonces no tardaría en caer en ella.

No había nada que hacer, giró el pomo de la puerta y cruzó el umbral.

Afuera, el pueblo que antes le había parecido salido de un cuento de navidad, ahora no era más que un parque fantasmal. Las calles desiertas y desprovistas de esa vida y calidez que había sentido al llegar. Sin embargo no era motivo para detenerse, por el contrario era precisamente eso lo que le incentivaba a seguir dejando el rastro de sus pisadas sobre la nieve. De vez en vez rodaba la mirada hacía los lados buscando algún rastro fresco. Nada. Seguía igual de impecable y silencioso como si ningún pie humano hubiese pisado tierra en aquel pueblo. O para mayor temor, como si ella hubiese sido la única que hubiese puesto pie sobre aquella aldea de casas para muñecas.

Y fue cuando un zumbido en el aire llamó su atención y la de su mascota, al elevar la vista hacía el cielo por donde empezaba a asomarse el sol vislumbró numerosas siluetas monstruosas que se acercaban rápidamente al poblado. La brisa agitó sus ropajes al igual que su rubia cabellera conforme aquel numeroso grupo de almas torturadas se asomaban en su llegada. El descanso se había terminado tan pronto como había empezado – “así que han llegado…” – susurró sin cambiar su expresión tranquila y meditante.

La hora del combate había llegado, una vez más un pueblo tendría que hacerse pedazos a la estela que deja el enfrentamiento del exorcista contra el mal de este mundo. Por más que se repitiese jamás se le haría costumbre. Nunca.

- “Lau Jimin…actívate”

[Off: con esto acabo la introducción de la misión. Continuaré en el siguiente tema.]

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